MI MAESTRO
Don Salvador se llamaba, don Salvador para todos,
en el parque y en la escuela, en la calle y en el coso,
él tenía muchos años, yo unos pocos.
Recuerdo su traje gris y mis pantalones cortos,
su camisa siempre blanca, las mías con algún roto,
a pesar del frío invierno, no llevaba guardapolvo.
Su blanco pelo ondulado, y mis rizos revoltosos,
sus manos elocuentes, grandes; cortezones en mis codos,
su cálida mirada azul, la curiosidad en mis ojos.
Su palabra sabia y recta, en la forma y en el fondo,
su letra redonda y clara, sobre el encerado fofo
y en la esquina de su mesa el enigmático globo.
Le recuerdo corrigiendo mis cuentas y mis esbozos
y cómo nos explicaba las guerras contra los moros,
la vida de las abejas, lo enorme que es el cosmos.
Cuadernos de redacción, la vida de san Isidoro,
nos leía poesía con la frescura de un soplo,
nos hablaba de valores, de justicia sobre todo.
Cuando entrábamos en clase se acababa el alboroto,
pero el patio era de juego, al burrico y al birlocho.
Y a la hora del recreo, el cazo con leche en polvo.
Medio siglo es mucho tiempo.
Ahora que mi trabajo de maestro se va yendo poco a poco,
entre escuelas, aulas, alumnos, mil imágenes de rostros,
una se ilumina más, fugazmente, como un rescoldo,
la de mi maestro de quinto, don Salvador, ¡qué maestro!
viernes, 10 de junio de 2011
ANTICIPANDO LA JUBILACIÓN (PROFESIONAL)
Discurso elaborado por Pedro Gómez, con retazos de aquí y de allá, en representación de los 11 docentes del Instituto Francisco Ribalta que se jubilan este curso, y leído por Ángel Oter en la comida homenaje celebrada el día 8 de junio.
DISCURSO DE JUBILACIÓN. JUNIO DE 2011
Compañeras, compañeros, estimadas amigas y amigos:
Os hablo en nombre y representación de todos los que aquí, a mi lado, arropándome al leeros estas breves líneas, en pocos días acabaremos nuestra vida laboral: de Amalia, de Amparo, de Carmen, de Elvira, de Isabel, de Magda, de Maribel, de Mónica, de Pedro, de Teresa… y en el mío propio. Hemos preferido que sean estas palabras una sencilla manifestación coral de nuestros sentimientos, renunciando a que este acto se convierta en un remedo de concurso de monólogos.
Vaya por delante, sin más, nuestro agradecimiento por compartir este momento, por acompañarnos en este día.
Cada final de curso tiene para los que nos dedicamos a la docencia algo especial; no en balde algunos jalonamos nuestras vidas con este curioso calendario que termina en junio. Pero para los que en breve vamos a ‘pasar a mejor vida’ – en el literal sentido de la palabra -, este final de curso nos es verdaderamente excepcional: nos jubilamos, y lo hacemos, además, voluntariamente. Algo que nos añade un plus de emoción al acontecimiento.
A todos nosotros, a unos más, a otros menos, este truncamiento radical de la vida profesional nos provoca un cúmulo de emociones y sentimientos asociados a dos maneras de afrontarlo: desde el echar la vista atrás, mirando por el retrovisor, hasta ponernos de puntillas para otear lo que nos acecha.
Unos ponemos el acento en ver este hito como la culminación de un largo periodo, cuyos inicios se remontan tanto que se mezclan con las vivencias de juventud. Y entonces no podemos dejar de sucumbir a la tentación de hacer balance, personal y colectivo, de nuestro largo recorrido.
Para los que, como nosotros, llevamos tantos años de brega, no es tarea fácil: ¿cómo resumir, como evaluar, profesionalmente hablando, tal experiencia? Si nos atenemos a cantidades, las cifras abruman: hemos intentado enseñar; también, cómo no, educar, a no menos de 4.000 alumnos y alumnas. ¿En qué grado lo habremos conseguido? Hemos compartido esta tarea con cientos de personas, cada cual con su particular forma de entender y practicar la profesión, y hemos participado en proyectos colectivos de variada índole. ¿Cómo valorar justamente su innegable impronta?
El repaso cualitativo del bagaje nos ofrece un elocuente tránsito. Algunos nos podemos remontar a tiempos de finales del franquismo, y así, la experiencia es más multicolor. Pocos docentes de nuestro entorno europeo nos pueden hacer sombra: hemos batallado con la ley general del 70, con la lode, la logse y la loe, y hemos tenido que ir adaptándonos a sus innumerables cambios. Una tonelada de papel de diario oficial ha guiado nuestro quehacer y nos han dirigido – es un decir – desde el centro y desde la periferia: todo un lujo. ¿Alguien es capaz de concluir algo inteligible?
Una etapa que termina… o un ilusionante periodo que comienza. Nada menos que, si nos atenemos a las estadísticas, no menos de 25 años ¡un cuarto de siglo! sin sujeción de horarios, sin apreturas, con nuevas rutinas, quehaceres… Una etapa de mayor libertad, para dedicarnos a la construcción de un nuevo proyecto personal, a profundizar aspectos que el trabajo cotidiano impidió realizar con la intensidad deseada. Quien más, quien menos, tenemos muchos pitos que tocar y no nos van a faltar compromisos para llenar el vacío que la falta de trabajo docente va a suponer después del verano. No nos inquieta, a pesar de la incertidumbre. No os preocupéis: no vamos a caer en la trampa del miedo a la libertad, a lo desconocido.
Y cuando al próximo curso alguno de nosotros volvamos a visitaros y nos preguntéis: ¿qué tal, cómo estás?, responderemos sin afectación: “vivo jubilosamente”. Aunque creemos que no podremos dejar de sentir algo de nostalgia por vuestra vida profesional, recordándola con cariño, no nos anclaremos en el pasado. Nuestro es el presente, y lo viviremos con intensidad.
Vosotros seguiréis en la brecha, por el tiempo estipulado. No son buenos tiempos, ya lo sabéis, y no se atisban mejorías. Nos atrevemos a daros, como si ya estuviéramos viendo los toros desde la barrera, un consejo: cada cual debe ser capaz de encontrar en la tarea de cada día, de cada momento, el resquicio suficiente para estar satisfecho de su trabajo, sin falsas modestias. Es la mejor manera de navegar en este proceloso mar. Y así, cuando en el próximo curso volvamos y os preguntemos: ¿qué tal, cómo estás?, podáis responder sin afectación: “mejor de lo que imaginas”.
Termino. Muchas emociones, reflexiones y sentimientos que compartir con todos vosotros. Sabemos que siempre tendremos en el Ribalta un punto de encuentro. Sabed que tenéis en cada uno de vosotros un trocito de nuestro cariño. Gracias, y hasta siempre.
DISCURSO DE JUBILACIÓN. JUNIO DE 2011
Compañeras, compañeros, estimadas amigas y amigos:
Os hablo en nombre y representación de todos los que aquí, a mi lado, arropándome al leeros estas breves líneas, en pocos días acabaremos nuestra vida laboral: de Amalia, de Amparo, de Carmen, de Elvira, de Isabel, de Magda, de Maribel, de Mónica, de Pedro, de Teresa… y en el mío propio. Hemos preferido que sean estas palabras una sencilla manifestación coral de nuestros sentimientos, renunciando a que este acto se convierta en un remedo de concurso de monólogos.
Vaya por delante, sin más, nuestro agradecimiento por compartir este momento, por acompañarnos en este día.
Cada final de curso tiene para los que nos dedicamos a la docencia algo especial; no en balde algunos jalonamos nuestras vidas con este curioso calendario que termina en junio. Pero para los que en breve vamos a ‘pasar a mejor vida’ – en el literal sentido de la palabra -, este final de curso nos es verdaderamente excepcional: nos jubilamos, y lo hacemos, además, voluntariamente. Algo que nos añade un plus de emoción al acontecimiento.
A todos nosotros, a unos más, a otros menos, este truncamiento radical de la vida profesional nos provoca un cúmulo de emociones y sentimientos asociados a dos maneras de afrontarlo: desde el echar la vista atrás, mirando por el retrovisor, hasta ponernos de puntillas para otear lo que nos acecha.
Unos ponemos el acento en ver este hito como la culminación de un largo periodo, cuyos inicios se remontan tanto que se mezclan con las vivencias de juventud. Y entonces no podemos dejar de sucumbir a la tentación de hacer balance, personal y colectivo, de nuestro largo recorrido.
Para los que, como nosotros, llevamos tantos años de brega, no es tarea fácil: ¿cómo resumir, como evaluar, profesionalmente hablando, tal experiencia? Si nos atenemos a cantidades, las cifras abruman: hemos intentado enseñar; también, cómo no, educar, a no menos de 4.000 alumnos y alumnas. ¿En qué grado lo habremos conseguido? Hemos compartido esta tarea con cientos de personas, cada cual con su particular forma de entender y practicar la profesión, y hemos participado en proyectos colectivos de variada índole. ¿Cómo valorar justamente su innegable impronta?
El repaso cualitativo del bagaje nos ofrece un elocuente tránsito. Algunos nos podemos remontar a tiempos de finales del franquismo, y así, la experiencia es más multicolor. Pocos docentes de nuestro entorno europeo nos pueden hacer sombra: hemos batallado con la ley general del 70, con la lode, la logse y la loe, y hemos tenido que ir adaptándonos a sus innumerables cambios. Una tonelada de papel de diario oficial ha guiado nuestro quehacer y nos han dirigido – es un decir – desde el centro y desde la periferia: todo un lujo. ¿Alguien es capaz de concluir algo inteligible?
Una etapa que termina… o un ilusionante periodo que comienza. Nada menos que, si nos atenemos a las estadísticas, no menos de 25 años ¡un cuarto de siglo! sin sujeción de horarios, sin apreturas, con nuevas rutinas, quehaceres… Una etapa de mayor libertad, para dedicarnos a la construcción de un nuevo proyecto personal, a profundizar aspectos que el trabajo cotidiano impidió realizar con la intensidad deseada. Quien más, quien menos, tenemos muchos pitos que tocar y no nos van a faltar compromisos para llenar el vacío que la falta de trabajo docente va a suponer después del verano. No nos inquieta, a pesar de la incertidumbre. No os preocupéis: no vamos a caer en la trampa del miedo a la libertad, a lo desconocido.
Y cuando al próximo curso alguno de nosotros volvamos a visitaros y nos preguntéis: ¿qué tal, cómo estás?, responderemos sin afectación: “vivo jubilosamente”. Aunque creemos que no podremos dejar de sentir algo de nostalgia por vuestra vida profesional, recordándola con cariño, no nos anclaremos en el pasado. Nuestro es el presente, y lo viviremos con intensidad.
Vosotros seguiréis en la brecha, por el tiempo estipulado. No son buenos tiempos, ya lo sabéis, y no se atisban mejorías. Nos atrevemos a daros, como si ya estuviéramos viendo los toros desde la barrera, un consejo: cada cual debe ser capaz de encontrar en la tarea de cada día, de cada momento, el resquicio suficiente para estar satisfecho de su trabajo, sin falsas modestias. Es la mejor manera de navegar en este proceloso mar. Y así, cuando en el próximo curso volvamos y os preguntemos: ¿qué tal, cómo estás?, podáis responder sin afectación: “mejor de lo que imaginas”.
Termino. Muchas emociones, reflexiones y sentimientos que compartir con todos vosotros. Sabemos que siempre tendremos en el Ribalta un punto de encuentro. Sabed que tenéis en cada uno de vosotros un trocito de nuestro cariño. Gracias, y hasta siempre.
sábado, 2 de abril de 2011
SEGORBE: UN NUEVO LIDERAZGO PARA GANAR EL FUTURO
La última vez que estuve con Olga Raro, en un encuentro casual en Segorbe, hablamos de la necesidad que percibíamos de que nuestra ciudad pasara página a tantos años de un gobierno municipal que, con el tiempo, había perdido pulso, adolecía de falta de empuje para afrontar nuevos retos y de conexión con la gente. Se le veía acomodado, sin ese punto reivindicativo que tanto ha necesitado nuestra ciudad, y se había escorado cada vez más hacia esos modos de ejercer el poder tan propios de la derecha valenciana.
Echamos la vista atrás, repasamos lo que había ocurrido en los últimos años, para bien y para no tan bien, los cambios urbanos, en los servicios, en las infraestructuras, en las nuevas formas de convivencia, y coincidimos en una misma idea: Segorbe había culminado una etapa, se cerraba un ciclo y debía prepararse para un nuevo periodo; y eso que entonces, en aquel encuentro, la crisis se veía lejana y sus graves consecuencias estaban por llegar.
Y recuerdo también que hablamos de la necesidad de ilusionar a la sociedad segorbina con nuevos líderes, con nuevos mensajes, con nuevos modos de gobernar. En Segorbe era más necesario que en otras ciudades, si cabe, un proyecto capaz de trascender los reductos de partido para, desde una perspectiva progresista, implicar a los colectivos sociales y las personas en un proyecto colectivo de ciudad. Aire fresco para un ambiente demasiado brumoso y hasta viciado.
Hace tan solo unas semanas asistí al aniversario del fallecimiento de Olga, y nuevamente acudieron con otros muchos, de amigos, de compañeros, de toda una vida, estos recuerdos que relato. Parece que a los que estamos entrados en años son los recuerdos lo que nos llena la existencia, siempre mirando atrás.
Sin embargo, en ese mismo acto cuajado de memoria y de pasado se me alumbró con nitidez esa aspiración de futuro que compartí con Olga. Allí, a caballo entre el sentido relato de Tomás Polo y la fortaleza ética de Francesc Colomer, se nos presentó el mejor de los homenajes que podíamos darle a nuestra querida alcaldesa y, por ende, a la sociedad segorbina: liderado por Miguel Ángel Guillén, nos anunció un proyecto sólido, lleno de fuerza y juventud para gobernar el municipio. Un proyecto progresista y renovado abierto a la sociedad, con un equipo de personas de gran valía profesional de diferentes sectores e implicados en una idea común: dar un nuevo impulso a la ciudad. Junto a Miguel Ángel, algún compañero desde hace muchos años pero, sobre todo, rostros nuevos de jóvenes con todo el futuro por delante.
Quizá muchas personas de Segorbe conocen a Miguel Ángel por su participación activa en las Entradas de Toros y Caballos, pues es caballista habitual de esta inigualable fiesta desde hace bastantes años. Es ésta su particular forma de implicarse en la fiesta, en su afición a los toros en su dimensión más noble: ser protagonista de la unión de tres elementos cuyo resultado es la belleza de los encierros: pericia, plasticidad y riesgo.
Sin embargo, su actividad profesional, como profesor de Derecho Público de la UJI, es menos conocida, y menos aún su experiencia en la gestión pública como técnico superior de la Generalitat. Dos facetas de su vida que le permiten afrontar los compromisos individuales y colectivos con un inestimable soporte argumental, en el que el respeto a la ley y el valor de la justicia son siempre puntos de referencia. En estos tiempos en los que la gestión de los intereses públicos deja tanto que desear en tantos ayuntamientos y en la Generalitat; en los que el respeto a la legalidad ha dejado paso en tantas ocasiones al clientelismo, al subterfugio, cuando no al trapicheo y a las corruptelas, son cualidades ineludibles para quien quiere hacer de la regeneración de la ética política su bandera.
La faceta de su compromiso político es la que más conozco, desde sus inicios en el grupo de jóvenes socialistas allá por los años ochenta. Últimamente, hemos compartido un proyecto común en la ciudad de Castellón, desde el diálogo y el consenso, para abordar estos tiempos tumultuosos con coherencia y sensatez. Ha sido uno de los pivotes de referencia, junto a su mujer, Amparo Marco, a la que también admiro.
Pocas veces pueden concitarse en una persona con vocación pública características tan valiosas: juventud, formación académica, experiencia en la gestión pública, trayectoria política, compromiso ético y social… y una fuerte dosis de optimismo y de vivir lo mejor que ofrece la vida. Estas son las claves de este segorbino y de su equipo para dar a su ciudad, que es la mía, un nuevo impulso.
viernes, 18 de febrero de 2011
¿QUÉ ES MENTIR, SEÑORA RIBES?
- ¿Qué es mentir, señorita Ribes? – pregunta el párroco.
La señorita Ribes, con diligencia, pues es una estudiante aplicada, responde:
- Mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar.
- ¿Y cuál es el mandamiento que lo prohíbe? – insiste el reverendo.
- El octavo Mandamiento de la Ley de Dios, que dice: No dirás falso testimonio ni mentirás.
Así debía responder la señorita Ribes en la catequesis. Ahora es doña Marisa Ribes, concejala del Ayuntamiento de la ciudad y presidenta del Consejo de Participación Ciudadana.
Y a pesar de lo bien que sabe que su incumplimiento es una falta, no le tiembla el pulso cuando cree preciso burlarlo. Aunque sea pecado mortal, porque la infracción la comete en público y con insistencia. Esto, creo yo, no puede ser, señora Ribes, ¡y a su edad! Después seguro que le reconcome la conciencia y se le llevan los demonios.
¿Cuál es el motivo de tal comportamiento pecaminoso? La celebración de la fiesta anual con las entidades vecinales días antes del comienzo de la campaña electoral, para que todo el mundo sepa, aunque no se diga ni palabra, quién es la que da los euros, a ver si después alguno se hace el longuis y no cumple lo que hay que cumplir. Como el asunto es espinoso de tratar, más de debatir y mucho más de someterlo a votación, se inventa al vuelo lo de ‘eso ya está aprobado y punto’.
El tema no es baladí, aunque queramos presentarlo en tono menor. Cuando el político miente, y sabe que el auditorio es consciente de su mentira, se degrada a sí mismo y degrada al auditorio. Y cuando la mentira no es una acción aislada, sino que forma parte habitual del discurso, junto a la exageración, las tergiversaciones y la demagogia, la degradación es colectiva y arruina la sociedad.
La mentira en la vida pública nunca viene sola, está emparentada con la opacidad, la tentación de ocultar a la ciudadanía oscuras intenciones. También tiene su apego con el incumplimiento de la legalidad en beneficio propio, bien directamente o a través de terceros. Y, por supuesto, va de la mano de la falta de honestidad, uno de los valores más preciados de la política.
No creo que la señora Ribes sea consciente de esta retahíla de consecuencias innobles, ni que su mentira venga a traer tamaños lodos. Creo más bien que lo hace sin mayor intención, como para salir del paso y, desde luego, como habituada a estas fullerías.
Más es de preocupar que los presentes en ese acto, bien por complacencia o por inacción, no se planten e impidan ser tratados como moneda de cambio. Son representantes vecinales en el máximo órgano de participación municipal. Les mienten, y no pasa nada. Tratan de imponerles – sutilmente – tributo de vasallaje, y no pasa nada. Así viene siendo desde hace tantos años, que estamos acostumbrados a convivir con este tipo de relaciones y tutelas.
Por eso creemos que debe producirse cuanto antes un cambio de modelo, que será imposible si no hay recambio de personas. Por eso es necesario denunciar estos ‘pequeños’ hechos, estas mentiras de tres al cuarto, porque no son más que síntomas de un problema de mayor envergadura.
Su mentira, señora Ribes, no se salda con una penitencia parroquial. Necesita rectificación pública y propósito de la enmienda.
lunes, 7 de febrero de 2011
CONFRONTAR Y DEBATIR VS DESCALIFICAR
La semana pasada hemos recibido el enésimo insulto de una concejala del PP, la señora Amorós, que los suelta a menudo y con facilidad, no sé si por su carácter un tanto agrio, porque ya es un hábito adquirido o porque su despensa de recursos dialécticos no le da más de sí. Y digo ‘hemos’ porque nos solidarizamos con la receptora de tales epítetos, la concejala socialista Inma Enguídanos, con motivo de haber criticado su gestión a causa de la situación deplorable de un piso gratuito del Ayuntamiento para una familia con serios problemas sociales.
No vamos a entrar al trapo de esta histeria de descalificaciones e increpaciones. Estamos hartos, igual que lo está una buena parte de nuestra sociedad, hastiada de que el rifirrafe político se parezca más a un programa basura de tele-realidad. No nos ofende tampoco que la tilde, en su torrente de invectivas, de ‘ignorante’, a ella que posee una titulación superior por partida doble y que ha superado un concurso público para ser contratada, cosa que esta concejala popular no tiene en su haber ni creemos podría acometer, pues todos sabemos cuáles son sus méritos para ostentar la plaza que ocupa.
Estamos por el debate, por la confrontación de modelos y proyectos y el análisis de cómo se llevan a cabo para mejorar su gestión.
Si hablamos de modelos sociales, hemos de contraponer el suyo, basado en la subvención graciosa del que reparte los recursos, con otro sustentado en el ejercicio de derechos de justicia social y en la discriminación positiva hacia los más necesitados. Un modelo éste basado en la transparencia, en la aplicación rigurosa de la ley y en la participación efectiva de los colectivos afectados, frente a ese otro, el primero, cuya consecuencia inmediata suele ser el clientelismo y la exigencia de contraprestación.
Si nos atenemos a proyectos, podemos hablar del nuestro, que bajo el epígrafe “Un Castellón Solidario” desgrama más de ciento cincuenta propuestas para hacer efectivas las políticas de atención a la dependencia y a la promoción y la integración social de colectivos y personas con déficits. Un proyecto integral diseñado como un Plan cuatrienal para la solidaridad y la convivencia, que comienza por la elaboración de un riguroso mapa de necesidades que permita establecer metas y medidas prioritarias, determinar los recursos y detallar un sistema de indicadores para evaluar programas. Un proyecto para dar continuidad y concretar en la ciudad las políticas sociales de todas las instancias y administraciones, sin exclusión, desde la Unión Europea, el Gobierno Central y la Generalitat.
El de la Señora Amorós, después de tantos años de ejercicio de sus responsabilidades públicas, ni se le conoce ni, probablemente, existe. Si acaso, podría hablarse de una táctica que tiene tres objetivos: evitar que los problemas ciudadanos saquen a la luz el verdadero rostro que se esconde tras la tierna sonrisa de la caridad, el seguidismo de la política de dilación e inacción de la Generalitat y el continuo ataque al gobierno de Madrid a cuenta de lo que sea.
En cuanto a la gestión, no nos detendremos malévolamente en las personas dependientes de nuestra ciudad que han fallecido antes de recibir las ayudas solicitadas. Solamente nos atenemos a la denuncia de la concejala socialista, de ese piso que, no por ser gratuito, como los que tienen un alquiler mínimo, no deben disponer de los más básicos servicios (por no tener ni desagüe en la cocina) y que después de tantas y tantas súplicas está en una situación calamitosa. No debe entender la concejala que la miseria genera miseria, que es la aliada perfecta de la marginación.
Y de todo ello, modelos, proyectos y formas de gestionar, nos quedamos con lo verdaderamente importante: resolver eficazmente los problemas de las personas. Los insultos, por supuesto, los dejamos para otros.
miércoles, 26 de enero de 2011
UN PROYECTO ILUSIONANTE
El pasado sábado, 22 de febrero, el Partido Socialista de Castellón aprobó la candidatura que presentará a las próximas elecciones municipales, de la cual formo parte y que, en una muy pequeña medida, he contribuido a hacerla realidad. He de decir, de entrada, que me siento muy orgulloso de participar en este proyecto colectivo, tanto como el primer día que comencé mi andadura como socialista, allá por los años 70; más si cabe hoy, por las especiales circunstancias sociales y políticas que nos encontramos.
Cualquiera que conozca mínimamente nuestra realidad sabrá a lo que me refiero: veinte años de actividad política de oposición municipal, sin posibilidad alguna de hacer efectivos nuestros proyectos y con grandísimos obstáculos para darlos a conocer a la ciudadanía; unas elecciones hace cuatro años que, a pesar de estas dificultades, nos pusieron a las puertas de alcanzar, por fin, el éxito electoral; una sociedad desorientada y harta de tanta corrupción y zafiedad políticas, incapaz muchas veces de diferenciar quién es quién; una grave crisis económica que ha afectado con dureza a nuestra sociedad, de cuyo origen no somos responsables, pero que nos obliga a soportar el rechazo que producen las necesarias medidas para superarla. Estas son las complicadas circunstancias en las que nos movemos.
Es una candidatura que representa la mayoría que dirige la actividad del Partido, una actividad que, no podemos ocultarlo, está preñada de desencanto, de actitudes críticas ante la ausencia repetida de ocasiones perdidas, de posicionamientos encontrados ante diferentes formas de entender las políticas. Pero representa la culminación exitosa de un proceso que comenzó justo al día siguiente de las elecciones de hace cuatro años y que tenía, entre otros objetivos, el de trabajar por otras formas de entender la participación, donde el diálogo y el consenso debían sustituir a las cuotas y a los posicionamientos personales. Y debía trabajar, también, por reforzar al máximo el potencial de acción política del grupo municipal, con nuestro portavoz y ahora candidato Juanma Calles a la cabeza, dándole al mismo tiempo la posibilidad de abrir nuevas expectativas.
Una candidatura que combina la experiencia de un grupo municipal que ha realizado una dura y difícil labor de oposición, con incorporaciones de gran valía (no me incluyo en éstas, sin falsa modestia). Una candidatura que tiene la gran oportunidad de acabar con una etapa demasiado larga de gobierno de la derecha en nuestra ciudad.
No va a ser tarea fácil, lo hemos constatado desde ese mismo día de su aprobación. Todo va a depender de la capacidad que tengamos de transmitir a la ciudadanía una imagen potente de ilusión, capacidad de trabajo, cohesión, honradez y determinación, para llevar adelante un proyecto de ciudad que hemos pergeñado en estos años y al que vamos sumando nuevas propuestas, al hilo de las necesidades que día a día van surgiendo. Un proyecto que ha de superar, de entrada, la gravísima situación a que nos ha conducido los gobiernos de la derecha: caos urbanístico, déficit, precariedad de servicios, clientelismo.
No va a ser un camino de rosas ni esperamos ayudas altruistas, menos aún de medios de comunicación que están, como se demuestra día a día, al servicio de los intereses del gobierno local y provincial (que son los que pagan) o al servicio de oscuros intereses particulares. Basta leer las referencias informativas posteriores a la citada asamblea, con titulares sesgados fruto de interpretaciones interesadas. Intereses que están muy alejados de nuestro proyecto, que no responden sino a cuestiones de carácter personal y que son aprovechados –como ha sucedido siempre– para sacar rentabilidad mediática de la herida hurgada.
Pero tenemos muchos elementos de apoyo: en primer lugar, un importante segmento de nuestra sociedad castellonense, que ve en la opción socialista la única vía de superar la situación que nos ha llevado tantos años de gobiernos de derecha. También juega a nuestro favor –y no nos alegramos por ello– los gravísimos problemas que atraviesa la gestión municipal, sin proyectos, sin dinero y sin liderazgo: cuando las cosas no van bien, parece que han de ser los socialistas quienes han de arrimar el hombro. Un tercer puntal es, sin duda, la sintonía demostrada por los distintos niveles de dirección del Partido durante todo este tiempo, así como la capacidad de toda la militancia de aunar esfuerzos.
Es hora, pues, de decirle a la sociedad de Castellón que el Partido Socialista tiene un proyecto de largo alcance y con capacidad de mejorar la difícil situación actual, y un equipo de personas que van a dar lo mejor de sí mismas por ello.
sábado, 25 de diciembre de 2010
LOS BENEFICIOS DEL FOLLÓN

Si me permiten un símil futbolero, cuando el equipo local es más torpón, pero va ganando por la mínima, bien por un golpe de suerte o por un favor arbitral, la estrategia más eficaz es la de sustituir el juego por la bulla, dejar que el tiempo pase rompiendo el partido y evitar que el contrario, más hábil con el balón, pueda manejarlo. Es una práctica que estamos cansados de ver, en todos los campos y en todas las categorías. La parroquia, mientras tanto, a jalear cualquier encontronazo, a presionar al árbitro y a sus ayudantes y a insultar a los jugadores del equipo visitante.
En el terreno del juego político de la Diputación Provincial está sucediendo algo similar a lo relatado anteriormente. El equipo del Partido Popular, con su capitán al frente, su presidente, ganó por la mínima en las anteriores elecciones, gracias entre otras circunstancias a unas ayudas no reglamentarias que los árbitros del proceso –las juntas electorales y los controladores de los censos– no supieron o no pudieron impedir. Es un equipo al que no le están saliendo las cosas, que gestiona muy mal la mínima ventaja que le da la responsabilidad de gobernar. Un equipo al que se le desajustan las cuentas, que se mueve por una inercia de lustros, que no avanza en los proyectos y que tiene serios problemas de dirección de juego, con un vestuario al que le crecen los enanos.
Por contra, el grupo socialista de la oposición tiene mejores individualidades y un liderazgo que no se sustenta, como en el otro equipo, en la coacción o la sumisión personal, sino en los proyectos, la ética y las ideas políticas. Y, por supuesto, con mucha más habilidad para argumentar y debatir las diferentes propuestas.
Juega, además, como visitante, pues es el equipo local del PP quien juega en casa, en ‘su’ casa, con su público, sus asesores y sus medios de comunicación.
No es de extrañar, pues, que la estrategia del PP en este partido sea, a falta de gestión – ni siquiera mala gestión – la de enmarranar el juego político, controlar los tiempos y las palabras, descalificar a los contrarios y arremeter contra los jueces, cuando sus decisiones no les benefician. Así lo hemos visto pleno tras pleno: ante cualquier intento de debate de propuestas, una balbuceante y torpe réplica y la aplicación del rodillo; si de introducir racionalidad y limpieza democrática se trata, la anulación personal y el insulto como única arma.
¿Cómo responden ante este remedo de juego político los espectadores? Las aficiones respectivas reaccionan con apasionamiento ante los diferentes lances del triste partido; pero la mayoría, tanto los que otorgan a la dialéctica política una alta consideración como los que le dan la espalda –que son auténtica mayoría-, no les llega más que un empobrecido espectáculo de rifirrafes. Y como el mayor objetivo del PP es contentar a su afición y enajenar al resto, el partido lo tiene de cara… de momento.
No estaba bastante trabado el juego político que ha saltado al campo un espontáneo, ‘el follonero’ y su desternillante programa. Bien es cierto que la sátira siempre ha ido de la mano de la política, y sólo los estrechos de miras, los caducos y los bajitos intelectuales consideran un oprobio mezclar ambos ingredientes. No sólo en la política, que es una faceta más de la vida, sino en cualquier otra manifestación del desarrollo personal la risa es – ya lo decía Aristóteles en su Poética- un ejercicio valioso que nos permite deformar el hosco rostro de la verdad para no convertirnos en esclavos de nuestros propios fantasmas. Y la verdad de la política que se viene haciendo desde el Palacio de Las Aulas es bastante desabrida, y algunos de sus protagonistas, dignos de una novela por entregas.
Pero no nos engañemos. Este inteligente espontáneo monta su esperpento con el lícito fin de entretener a su audiencia televisiva, que no es poca cosa. Sin embargo, desde la perspectiva de la estrategia política de la confrontación local, no es sino un estorbo más en el desarrollo del juego sucio al que se ha aplicado insistentemente el equipo local del Partido Popular. Son los que resultan realmente beneficiados.
Publicado en el diario 'Levante de Castellón' el 07-01-11
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